Una reforma desde cero en Tenerife
Hay proyectos que llegan con el peso de los años encima y la promesa de una vida nueva por delante. Esta vivienda en Tenerife era uno de ellos: una planta baja con terraza y jardín en una zona privilegiada del sur de la isla, atrapada en el tiempo con sus suelos de baldosa beige, sus arcos de madera oscura y sus sanitarios en rosa empolvado. Un espacio que pedía, a gritos, una segunda oportunidad.
Lo que me encontré al llegar no era simplemente una vivienda anticuada. Era un lienzo en bruto. Los suelos de gres blanco recorrían estancias frías y desconectadas entre sí, la cocina quedaba encajonada detrás de una barra de bar improvisada, y el jardín era poco más que tierra árida con alguna palmera.
El baño, con sus sanitarios de un salmón desvenijado y sus azulejos blancos despegados, completaba el diagnóstico: aquí había que empezar desde cero.
Y eso fue exactamente lo que se hizo.
El antes que lo explica todo
Las fotografías del estado original de la vivienda hablan solas. El salón se abría a una cocina americana encerrada tras una barra con taburetes, un elemento de otro tiempo que partía el espacio en dos sin ninguna lógica funcional ni estética. El suelo de gres blanco, frío y sin personalidad, se repetía por todas las estancias sin ofrecer ningún punto de calidez y el jardín trasero era un terreno yermo con palmeras silvestres y un bordillo de hormigón que nada tenía que ver con un espacio de vida exterior. Los baños, por su parte, vivían atrapados en otra década: azulejos a media altura, sanitarios en beige rosado y una disposición que no aprovechaba ni la luz ni el espacio disponible.
Era, en definitiva, una vivienda con buen potencial de distribución que aguardaba una intervención decidida, valiente y con criterio. Una vivienda que necesitaba que alguien la viera como lo que podía llegar a ser.
La transformación que lo une todo
La reforma de Luz Entre Palmas no fue una actualización superficial. Fue una demolición conceptual y material de todo lo existente para construir, en su lugar, un hogar contemporáneo, luminoso y profundamente coherente.
El primer gesto que lo cambia todo es el suelo. Un parquet en espiga de tonos miel y caramelo se extiende por la totalidad de la vivienda, desde el salón hasta el último dormitorio, convirtiendo lo que antes era una sucesión de espacios inconexos en un recorrido fluido y cálido. La espiga no es un capricho estético: su patrón diagonal alarga visualmente cada estancia, multiplica la sensación de amplitud y aporta una elegancia que se percibe en cuanto se cruza el umbral. Sobre este suelo, todo lo demás cobra sentido.
La cocina, el corazón que latía en otro sitio
Si hay un espacio que define esta reforma, es la cocina. Antes era una pieza atrapada detrás de una barra con taburetes, separada del salón por una construcción maciza que la relegaba a un segundo plano. Hoy es el corazón visible de toda la vivienda, abierta, protagonista y generosa.
La isla central de cuarzo blanco con suave veteado marca el centro gravitacional del espacio. El diseño frontal de la isla revestidos en lamas de madera verticales le da una presencia escultórica. Los taburetes, en tejido de espiga beige, introducen el primer acento de color en un espacio que sabe jugar con la mesura.
Sobre ella, la lámpara colgante de aromas del campo con pantalla en color ámbar y estructura en negro mate proyectan una luz cálida y espectacular que convierte el momento de cocinar en un acto casi ceremonial.
Los muebles se diseñó en dos tonos, en madera de tono natural recubren las paredes hasta el techo, sin tiradores visibles, creando una superficie continua y ordenada y los muebles inferiores en color blanco.
La apertura al salón no es solo física: es una declaración de intenciones sobre cómo se entiende la vida en esta vivienda.
Aquí no hay fronteras entre quien cocina y quien conversa, entre quien prepara y quien espera. La cocina y el salón forman un único espacio de vida que se expande aún más hacia la terraza a través de las puertas correderas de aluminio negro.
El pasillo que lo convierte en experiencia
Si la cocina es el corazón, el pasillo es el alma, este pasillo más que una mano de pintura merecía un mural espectacular.
Un mural panorámico de la firma Pipapel recorre a toda altura y a todo largo, con palmeras dibujadas en tinta azul sobre fondo blanco roto, transporta a quien lo recorre. Las palmeras no decoran el pasillo: lo definen. Le dan identidad, carácter, un nombre.
El dormitorio principal, un santuario de calma azul
El dormitorio principal responde a la promesa de descanso con una propuesta que combina sofisticación y acogida. La pared del cabecero enmarcada con palillería de madera lacada en blanco como punto focal y con el cabecero tapizado hecho a medida en estampado floral ,romántico sin ser excesivo, elegante sin resultar frío. La ropa de cama en blanco roto, plaids a dos tonos en beige y azul.
Las mesitas de madera natural de la firma Crisal a ambos lados con sus respectivas lámparas de pantalla crema con base cerámica en azul de aromas del campo creando una iluminación suave y simétrica.
El armario empotrado, lacado en blanco con paneles de perfil clásico, hecho a medida por el estudio
El baño en suite que se abre desde el dormitorio lleva la propuesta un paso más allá.
El mueble suspendido en madera de roble y como detalles toda la grifería y los accesorios en color rosa cepillado introducen la calidez del metal. La ducha de lluvia, amplia y de plato bajo al ras del suelo, convierte el baño diario en un momento de descompresión genuina.
El dormitorio de invitados, un abrazo de color tierra
A pocos metros, el dormitorio de invitados apuesta por una paleta completamente diferente, con la misma coherencia. Los tonos tierra, verde musgo, naranja teja y beige construyen un ambiente más íntimo y envolvente.
El cabecero en gris claro hecho a medida funciona como fondo neutro sobre el que los cojines naranjas y el plaid en verde ponen una nota de vida y color a la estancia.
Banco de pie de cama, mesitas de noche de terrazo y lámparas de terracota todo de la firma Kave home.
El despacho, donde el trabajo encuentra su forma
Se sacrificó una habitación dormitorio para convertirla en despacho, muy útil para quien trabaja en casa, se demolió el armario empotrado y diseñamos una librería empotrada a medida con baldas en madera de roble.
El escritorio de madera maciza con patas de acero negro es una pieza de carácter que dialoga con el sillón de cuero negro: una combinación que habla de concentración, de días largos y de trabajo bien hecho.
En la pared opuesta, un panel de lamas verticales en madera.
Como almacenaje se dispuso un aparador en madera natural, y un aplique de galería en latón dorado con cuadro de arte.
El baño de cortesía, con carácter propio
El segundo baño de la vivienda sorprende con una personalidad marcada.
Los azulejos de la ducha en formato zellige azul intenso, con su acabado irregular y artesanal, contrastan con el porcelánico del resto de las paredes.
El mueble de lavabo en madera de roble supendido y accesorios en cromo y el espejo circular de gran diámetro con retroiluminación LED
La terraza y el jardín, donde la vida sale al exterior
La reforma no se detuvo en el interior.
El jardín, que en las fotografías del antes aparecía como un terreno abandonado con tierra seca y bordes de hormigón, se transformó en un espacio de ocio exterior pensado para el clima canario y para el disfrute sin complicaciones.
La terraza cubierta, accesible directamente desde el salón a través de las puertas correderas por eso se diseño una zona de comedor para pasar comidas y cenas entre amigos y familiares, con muebles exclusivos de exterior.
El césped artificial de alta calidad cubre el suelo con un verde uniforme , una cama balinesa con colchón blanco y cojines en coral y verde aguamarina invita a pasar las horas de luz al aire libre.
Luz Entre Palmas es la historia de una vivienda que no sabía lo que podía llegar a ser.
Es también la demostración de que una reforma desde cero, cuando se afronta con criterio, sensibilidad y convicción, no solo cambia el aspecto de un espacio: cambia la forma en que sus habitantes lo viven, lo sienten y lo comparten.